Station To Station (tribute to David Bowie)
08/01/2012
*Sara se sienta en la silla naranja de su habitación.
Es invierno en Salamanca, hace frío, pero no importa hoy. Alarga el brazo y enciende el equipo de música que hay encima de la mesa. Comienzan a sonar en la supuesta lejanía las hélices de un helicóptero, que se acercan cada vez más y más, cada vez más rápido. Suenan unos disonantes acordes al piano... y la entrada de un bajo.
Es magnífico, como la mayoría de tus trabajos, Mr. Jones. Ahora que tengo un buen fondo musical, espero poder encontrar las palabras correctas por una vez.*
Hoy es 8 de enero, de 2012. Hace 65 años una nueva vida se encendía en una casa de Brixton. Bueno, tal vez la luz que se vio no fue la del nacimiento, sino la de un extraño objeto volante que aterrizaba en el portal de aquella casa para dejar a ese pequeño bebé desconocido de sonrisa traviesa y orejas puntiagudas.
El pequeño se llamaría David Robert Jones, un chico delgado de mirada azul, calculadora y atractiva, que aprendió a aprovecharse de su influencia sobre los demás para conseguir lo que quería.
Este David no era como los demás. Podía aparentarlo más o menos, según le conviniera, pero no era en absoluto como los demás. Gracias a las escapadas con su hermano mayor, Terry, a los clubes donde solía había actuaciones, comenzó a interesarse por la música. Aprendió a tocar el saxofón...
También le llamaba mucho la atención el espectáculo, la pantomima, el teatro.
Habría sido curioso conocerle entonces, ¿no?
Este personaje, David, sería conocido mundialmente como David Bowie, convirtiéndose en un genio de la época, un artista camaleónico e innovador a quien nadie conocía realmente. Él no sabía cómo sería su futuro, pero tenía claro que sería "una estrella del rock".
Hoy tengo que dar gracias, no sólo a ti, David Bowie, por tus canciones, tus interpretaciones, tus ideas y tu forma de expresarte, sino más bien a ese chico alocado de Brixton, al que por una pelea a los 15 años con su mejor amigo obtuvo esa mirada tan asimétrica que ha sabido utilizar tan espléndidamente bien, que sabía a dónde quería llegar y no se rindió nunca.
Aprovecho tu cumpleaños para darte las gracias. Siento no tener un regalo mejor, pero supongo que no te importará, ya te darán otros.
Gracias por darme fuerzas para seguir, por tener la llave para darme cuerda.
El día que te descubrí pensé que estaba soñando. Estaba cansada de la misma música de siempre, cuando encontré un disco tuyo entre los CDs de mi padre. Tu música se coló en mí sin que yo pudiera evitarlo. Era algo completamente diferente, me quedé extasiada.
Pero aparte de esto, que es lo que tu música suele hacer, te doy las gracias simplemente por ser como eres. Deja que me explique.
Gracias, David, por hacerme abrir los ojos y descubrir, para mi sorpresa, que esta niña pequeña que cuando le preguntaban en el colegio qué quería ser de mayor; entre veterinarias y princesas, médicos y jugadores de fútbol, ella decía con mirada inocente: yo seré astronauta. Esta adolescente excéntrica, extraña e incomprendida, al fin y al cabo sí que se parecía a alguien.
O, por lo menos, que sí existía alguien que podría comprenderla, y que, para colmo, ese alguien era un personaje mundialmente conocido. Esa última parte no sé si me gustó tanto. Dificulta mucho las cosas, pero estaría muy triste si fuera al contrario, si fueras un completo desconocido. Para empezar, supongo que nunca te habría encontrado. En estos casos le doy mil y una gracias a tu fama.
*Para un momento, coge aire pero no sin cierto esfuerzo, tiene los pulmones algo bloqueados, posiblemente del frío.*
¿Por dónde iba? Ah, sí.
Esto simplemente son letras. En realidad no son ni eso. Son códigos metidos en un ordenador y enviados a internet de la manera más inocente. ¡Ah, cuanto me gustaría escribir una carta en condiciones! Una lástima, esto es lo que nos hace el siglo XXI.
Aún así, yo hablo de todo corazón para dejar constancia en un día que será tan especial para ti como para mí, aunque por distintas razones.
En definitiva: Gracias por existir, Mr. David Robert Jones. Disfruta de hoy y de todos los largo días de tu vida. La felicidad no es algo fácil de encontrar, pero Iman y Alexandria te ayudarán en eso. Cuídalas mucho, como estás haciendo, y no dejes que el mundo se vuelva gris por un simple nubarrón de otoño.
Mientras, yo seguiré aquí en mi casa, maldiciendo al instituto, saliendo con los amigos, frustrándome con los apuntes de armonía, haciendo el loco con el grupo de teatro y otras estupideces adolescentes, pero no por ello menos importantes.
Estoy segura de que algún día, antes o después, por casualidad o por suerte (o tal vez por azar) nos veremos en persona. Hasta entonces, yo seguiré tirando los dados cada día.
*You... touched me...
La melodía rasgó el aire. Perfecta, clara, sin dudas. Notas agudas, notas graves. Cada instrumento coordinado en su sitio.
Don't you know your life... itself?
Parada, contengo la respiración.
Eres maravilloso, David.*
Fdo: Una más.


