Tintaenmimente

Tintaenmimente

...el tintero de mi cabeza necesitaba algo para no derramarse.

Station To Station (tribute to David Bowie)

08/01/2012


*Sara se sienta en la silla naranja de su habitación.

Es invierno en Salamanca, hace frío, pero no importa hoy. Alarga el brazo y enciende el equipo de música que hay encima de la mesa. Comienzan a sonar en la supuesta lejanía las hélices de un helicóptero, que se acercan cada vez más y más, cada vez más rápido. Suenan unos disonantes acordes al piano... y la entrada de un bajo.

Es magnífico, como la mayoría de tus trabajos, Mr. Jones. Ahora que tengo un buen fondo musical, espero poder encontrar las palabras correctas por una vez.*


Hoy es 8 de enero, de 2012. Hace 65 años una nueva vida se encendía en una casa de Brixton. Bueno, tal vez la luz que se vio no fue la del nacimiento, sino la de un extraño objeto volante que aterrizaba en el portal de aquella casa para dejar a ese pequeño bebé desconocido de sonrisa traviesa y orejas puntiagudas.

El pequeño se llamaría David Robert Jones, un chico delgado de mirada azul, calculadora y atractiva, que aprendió a aprovecharse de su influencia sobre los demás para conseguir lo que quería.

Este David no era como los demás. Podía aparentarlo más o menos, según le conviniera, pero no era en absoluto como los demás. Gracias a las escapadas con su hermano mayor, Terry, a los clubes  donde solía había actuaciones, comenzó a interesarse por la música. Aprendió a tocar el saxofón...

También le llamaba mucho la atención el espectáculo, la pantomima, el teatro.


Habría sido curioso conocerle entonces, ¿no?


Este personaje, David, sería conocido mundialmente como David Bowie, convirtiéndose en un genio de la época, un artista camaleónico e innovador a quien nadie conocía realmente. Él no sabía cómo sería su futuro, pero tenía claro que sería "una estrella del rock".


Hoy tengo que dar gracias, no sólo a ti, David Bowie, por tus canciones, tus interpretaciones, tus ideas y tu forma de expresarte, sino más bien a ese chico alocado de Brixton, al que por una pelea a los 15 años con su mejor amigo obtuvo esa mirada tan asimétrica que ha sabido utilizar tan espléndidamente bien, que sabía a dónde quería llegar y no se rindió nunca.

Aprovecho tu cumpleaños para darte las gracias. Siento no tener un regalo mejor, pero supongo que no te importará, ya te darán otros.

Gracias por darme fuerzas para seguir, por tener la llave para darme cuerda.

El día que te descubrí pensé que estaba soñando. Estaba cansada de la misma música de siempre, cuando encontré un disco tuyo entre los CDs de mi padre. Tu música se coló en mí sin que yo pudiera evitarlo. Era algo completamente diferente, me quedé extasiada.

Pero aparte de esto, que es lo que tu música suele hacer, te doy las gracias simplemente por ser como eres. Deja que me explique.

Gracias, David, por hacerme abrir los ojos y descubrir, para mi sorpresa, que esta niña pequeña que cuando le preguntaban en el colegio qué quería ser de mayor; entre veterinarias y princesas, médicos y jugadores de fútbol, ella decía con mirada inocente: yo seré astronauta. Esta adolescente excéntrica, extraña e incomprendida, al fin y al cabo sí que se parecía a alguien.

O, por lo menos, que sí existía alguien que podría comprenderla, y que, para colmo, ese alguien era un personaje mundialmente conocido. Esa última parte no sé si me gustó tanto. Dificulta mucho las cosas, pero estaría muy triste si fuera al contrario, si fueras un completo desconocido. Para empezar, supongo que nunca te habría encontrado. En estos casos le doy mil y una gracias a tu fama.


*Para un momento, coge aire pero no sin cierto esfuerzo, tiene los pulmones algo bloqueados, posiblemente del frío.*


¿Por dónde iba? Ah, sí.


Esto simplemente son letras. En realidad no son ni eso. Son códigos metidos en un ordenador y enviados a internet de la manera más inocente. ¡Ah, cuanto me gustaría escribir una carta en condiciones! Una lástima, esto es lo que nos hace el siglo XXI.


Aún así, yo hablo de todo corazón para dejar constancia en un día que será tan especial para ti como para mí, aunque por distintas razones.

En definitiva: Gracias por existir, Mr. David Robert Jones. Disfruta de hoy y de todos los largo días de tu vida. La felicidad no es algo fácil de encontrar, pero Iman y Alexandria te ayudarán en eso. Cuídalas mucho, como estás haciendo, y no dejes que el mundo se vuelva gris por un simple nubarrón de otoño.

Mientras, yo seguiré aquí en mi casa, maldiciendo al instituto, saliendo con los amigos, frustrándome con los apuntes de armonía, haciendo el loco con el grupo de teatro y otras estupideces adolescentes, pero no por ello menos importantes.

Estoy segura de que algún día, antes o después, por casualidad o por suerte (o tal vez por azar) nos veremos en persona. Hasta entonces, yo seguiré tirando los dados cada día.


*You... touched me...

La melodía rasgó el aire. Perfecta, clara, sin dudas. Notas agudas, notas graves. Cada instrumento coordinado en su sitio.

Don't you know your life... itself?

Parada, contengo la respiración.

Eres maravilloso, David.*



Fdo: Una más.




 

Thank you, Freddie (tributo a Freddie Mercury)



Del: 24 de Noviembre de 2011

Para el: 24 de Noviembre de 1991


Hola. Vengo de dentro de 20 años. Quién nos iba a decir que yo, una adolescente nacida en 1996, estaría escribiendo esto; pero ya veis. Las cosas pueden llegar a ser muy extrañas a veces.


Freddie, sí, Freddie Mercury, escúchame bien. Sé que te estás muriendo. Sé que sabes que no pasarás de hoy. De todas formas, es un bonito día ¿no crees? Quería decirte esto antes de que desconectaras, puesto que no sé qué piensas sobre tu futuro.

Al igual que yo, que ni siquiera he nacido, estoy escribiendo esto, hay aquí, en 2011, un montón (y cuando digo un montón es un montón) de personas, de todas (y cuando digo todas son todas) las edades, acordándose de ti y poniendo tu música una vez más. Sea en LPs, en CDs o en .mp3, todos han querido volver a escuchar tu voz. Especialmente hoy, pero tu música se escucha todos los días (TODOS) sin excepción. Esa música tan peculiar, tan optimista y tan increíble que da fuerzas en los momentos de flaqueza. Esa forma de componer que muchos querrían. Y por supuesto, esa voz tuya tan impresionante. ¿Cuántas octavas alcanzas? ¿3? ¿4?

Has hecho algo que es ajeno al tiempo, que no muere y que sigue encantando a cuantos lo escuchan. Debes de estar orgulloso...

Es triste que hoy, 24 de noviembre, se te recuerde por tu muerte, pero a pesar de ello, todos te recordamos subido encima de un escenario, con esa energía capaz de expandirse como una explosión, llegando a gente como yo 30 años después.

Le estoy agradecida a los CDs, a los LPs, a las casetes, al estudio donde grabasteis cada una de las notas y a los micrófonos que tuvieron el honor de registrar tu voz; por permitir que yo ahora pueda escuchar el arte tan maravilloso que conseguisteis.


Ya me despido, pero que sepas que puedes estar orgulloso de lo que hiciste. Que tu música y tu persona nos dan fuerzas a estos pocos que sentimos que no encajamos muy bien en la sociedad y los gustos actuales, y que siempre hemos pensado que nacimos demasiado tarde.

Gracias por haber existido.

Gracias por haber sido lo que fuiste.

Gracias por tu arte.

And thank you for breaking free one more time.



 

Cambios... ¿cambios?

Las cosas cambian.

Eso me habían dicho siempre. Y la verdad es que... nunca me había dado cuenta de cuánta razón tenían.

No sólo las cosas cambian... yo cambio. He cambiado, de hecho. Y sigo cambiando. Y nunca paro.

Y no símplemente por el hecho de que el tiempo pasa por todos, me refiero más a un cambio interior, mental. Aunque visto de otro modo, eso también sería obra del tiempo...

Las cosas cambian... yo cambio... y aún así sigo escribiendo de la misma forma alocada.

Tal vez con otras expresiones... tal vez con otras inquietudes... tal vez con debilidad por otras palabras... pero de la misma forma alocada al fin y al cabo.

Música en mi equipo, luz en mi habitación y pensamientos en mi cabeza. Eso es todo, supongo, aunque siempre se le puede añadir 100g de chocolate y batir fuerte.


¿Y ahora qué pasa, eh?


Bueno, minutos, horas, días... y me doy cuenta de todo lo que tengo por hacer, de todo lo que me gustaría hacer, y que al final siempre, siempre, se acaba posponiendo. No me siento nada bien. Ya sea leer un libro, hacer un dibujo o tirarme en la cama, da lo mismo, si lo necesito es por algo, ¿o qué?

Y lo peor de todo es que no tengo excusa. Porque claro, eso de "ha empezado el curso" sí que vale, y es más cierto que 2+2=4, pero aún así sigo teniendo culpa... Por eso, al no poder echarle la culpa a otro, acabo enfadada conmigo misma, y claro, eso tampoco me sienta bien.


Sí, definitivamente los cambios ocurren constantemente. Eso de leer mi propio blog y llevar tanto tiempo sin escribir que no me reconozco apenas en los textos... no creo que sea algo muy bueno. Por lo menos para los textos.


Y como podrás comprobar, querido lector, esto no tiene ni pies ni cabeza. Vaya una publicación ¿no? Vaya una ida de pinza que estoy publicando, pero si lo necesito lo necesito ¿o qué?

Tómatelo... como un cambio.

El próximo texto que escriba puede que tenga sentido, pero este es un corte, por lo que, según mi punto de vista, no puede tener mucho sentido.

Bueno, tal vez sí, pero, ¿y eso qué mas da?


Dance

Mi corazón palpitaba cada vez más fuerte. ¿O tal vez era el ritmo del contrabajo lo que llegaba hasta mis oídos? Puede que fuesen ambos.
Latidos y notas, fundidos en un mismo reflejo. De un lado al otro del escenario. Corriendo,
bailando.
De un salto veía pasar medio escenario bajo mis pies. Sentía el calor de los focos más fuertemente en mi piel. Notaba el movimiento del tutú contra el aire. Ahora hasta el centro, y pirouettes. Vueltas, más vueltas.

"Cabeza rápida, rodilla alta, hombros abajo, brazos arriba y hacia delante, empeine estirado, espalda recta, sigue la música. Para. Cuarto arabesque."
Miré al público por encima de mi brazo. En realidad, dirigí mi cabeza hacia la negrura que veía frente a mí. Se supone que allí debería haber butacas, y muchas personas observando detenidamente, claro que la luz de los focos hace demasiado contraste en mi retina.
Se tiñe el escenario de azul. Se encienden los focos bicolores. Comienza una nueva pieza... Y yo sigo bailando.

"Y ahora, puntas. Sube, arriba, toca el cielo. Espalda recta, pierna atrás, cabeza alta."

Comienza el solo del chelo, con notas melancólicas, graves y suaves.

"Abajo, lentamente, al suelo, pierna atrás, brazos cruzados."

El escenario se tiñó de negro de nuevo... aguanté la respiración hasta que cayó el telón... y se oyeron los aplausos.


Aurial, el ángel de los libros

Bien, pues para lo que tanto lo han pedido, he aquí mi relato premiado del Concurso de Jóvenes talentos de Coca-Cola.

Disfrutadlo:

____________________________________


“El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil”, leyó Aurial.
Sujetaba el libro entre sus manos con delicadeza, como si estuviese hecho
con pan de oro. Pasaba las hojas con movimientos gráciles de sus finos
dedos y su voz articulaba las palabras como si de una canción se tratase.
Las frases resonaban en la estancia dejando un suave eco, que rebotaba en
las paredes de la cúpula. Cerró el libro y desplegó sus blancas alas, de
plumas brillantes cual marfil, con un sutil movimiento. Su túnica violeta se
agitó con el viento provocado al elevarse.
Llegó hasta una estantería en lo alto de la cúpula, en la cual se podía ver el
hueco del libro, y lo colocó entre los demás. Sus ojos recorrieron la enorme
biblioteca en busca de algo nuevo que leer. Las paredes del lugar, hechas
de un material más puro y blanco que cualquier mineral, se encontraban
recubiertas por completo de estanterías que se elevaban hasta lo más alto
de la cúpula.
Allí había una estancia de cristal que rodeaba las paredes formando un
corredor. Este espacio albergaba cientos de cuadernos con sus respectivas
plumas. Todos tenían diferente aspecto, pero con algo en común: sus hojas
estaban grisáceas y sus plumas yacían inertes sobre ellas.
Aurial se acercó, sobrevolando los miles y miles de libros hasta el corredor
de cristal. Su rostro mostró una expresión entristecida al ver la tinta seca y
resquebrajada de las plumas y el color apagado de las hojas de los
cuadernos. Añoraba los años en los que una pluma se erguía sobre el papel
de hojas luminosas y comenzaba a escribir una nueva e intrigante historia
para que ella la leyese.
En aquella biblioteca estaban guardados todos los libros que los humanos
habían escrito, y ella había visto el comienzo y la evolución de todos y cada
uno de ellos. Pero hacía mucho que nadie escribía un libro, y ella temía que
los humanos se les hubiera acabado la inspiración.
Antiguamente, cuando alguien tenía una nueva idea, las hojas de uno de los
cuadernos se iluminaban, llamando a la pequeña ángel e invitándola a leer;
y cuando alguien comenzaba a escribir, la pluma se detenía en el comienzo
de la hoja y dibujaba las palabras con su trazo fino y negro. Ver cientos de
cuadernos de hojas como el sol escribiendo a la vez era un espectáculo
maravilloso.
Aurial disfrutaba leyendo aquellas historias, y se entristecía cuando el
humano que las escribía tenía que dejarlo para otro momento, porque tenía
que dormir. Aurial no dormía, y al principio no le gustaba que los humanos
cortasen su inspiración para descansar, pero pronto descubrió que ellos
también se inspiraban mientras dormían. Mientras soñaban.
Los sueños no se archivaban de la misma forma que los libros, pero
también se guardaban en aquella biblioteca. En el extremo opuesto al
corredor, en el suelo, había un pequeño mueble con forma de estrella de
once puntas. Era mitad blanco y mitad negro. Tenía dos cajones cerrados
con llave. En el cajón blanco había sueños de todos los tipos: caóticos,
hermosos, realistas, extraños… En el cajón negro, por el contrario, había
otro tipo de sueños, a los que los humanos llamaban pesadillas, y les daban
miedo.
Aurial no lo entendía. A ella le gustaban los dos tipos de sueño. Todos eran
diferentes e interesantes. No comprendía por qué a los humanos les
provocaban esas sensaciones las pesadillas.
Cuando no había nada nuevo que leer, Aurial cogía su llave de los sueños,
decorada con filigranas y llena de engranajes, y abría los cajones para que
las imágenes flotasen por la estancia. Le divertía ver los sueños, porque le
ayudaban a comprender a los humanos. Al fin y al cabo, no eran tan
diferentes.
Desvió la vista del cuaderno y descendió haciendo espirales hasta el mueble
de sueños. Sacó la llave y abrió los cajones, pero su expresión no mejoró.
Los sueños que tenían ahora los humanos eran tristes y grises; y muy
aburridos. Aurial no comprendía. ¿Qué les pasaba a los humanos? No
soñaban igual que antes, y ni siquiera escribían. ¿Qué estaba mal? ¿Qué
ocurría?
Ella era el espíritu de los libros, de los sueños, de la imaginación… y se
estaba muriendo.
Una pluma se desprendió de sus alas. Brillaba con luz propia, como hecha
con un rayo de luna que se filtraba por las ventanas. Aurial observó su lenta
caída hasta el suelo, y su rostro se iluminó. Era una idea descabellada. La
única regla que siempre había tenido el ángel era no interferir, y, por tanto,
no tocar los cuadernos. Sería como firmar su propia sentencia, y desconocía
las consecuencias, pero debía hacerlo.
Cogió su pluma y voló de nuevo hasta lo alto de la biblioteca. Se colocó
junto al corredor de cristal y por su cara cruzó una expresión de duda, pero
se disipó con una sola mirada a las grisáceas hojas de los cuadernos.
Tomó impulso y se lanzó sin miedo contra la transparente superficie, que se
rompió en mil esquirlas punzantes que se precipitaron hacia el suelo. Aurial
cogió uno de los cuadernos y descendió hasta posarse junto al mueble
estrellado.
Se sentó, pluma en mano, con un grácil movimiento, dispuesta a escribir.
Las hojas del cuaderno se iluminaron, con ese brillo tan especial, pero
Aurial se detuvo. ¿Y la tinta? ¿Cómo iba a escribir sin tinta? Entonces, en la
hoja ahora blanca del cuaderno apareció una mancha roja, y otra, y otra
más. Aurial no supo de dónde salían hasta que se miró la mano, y luego el
brazo, y el resto de su cuerpo. Estaba sangrando, llena de cortes y
magulladuras. Sus alas se había teñido de rojo intenso y todo su cuerpo
estaba goteando. Aún tenía trozos del cristal clavados en su piel. Pero no le
dolía. Ni siquiera lo sentía. Cogió de nuevo su pluma y la empapó de su
propia sangre y comenzó a escribir. Las hojas brillaban más intensamente
que nunca y las letras escarlata de trazo fino y delicado surcaron el papel.
Aurial escribió con su propia sangre su propia historia. Ya no le importaba
morir, puesto que tampoco vivía si no había historias que contar.
Estuvo varios días seguidos escribiendo, y cuando terminó, metió el
cuaderno en el mueble de los sueños, entre los dos cajones. Así los
humanos soñarían con su historia y, tal vez, quién sabe, alguien volvería a
inspirarse y la escribiría.
Cerró los ojos y, aún con la pluma en la mano, se durmió por primera vez…
y última.


______________________


Espero que os haya gustado ;)

Esta es mi mente... ¿o no?

Sé que llevo mucho tiempo sin escribir... Tal vez demasiado.

Han pasado cosas, he vivido experiencias.. quién diría que en unos meses pueden cambiar tanto los días.

No os asustéis, no me ha pasado nada. No he tenido un accidente. No me he mudado. Ni siquiera he ido a un concierto.

Símplemente me doy cuenta del paso del tiempo.

Deberíamos fijarnos más a menudo en cómo pasan los días. Podemos cambiar en una semana, un sólo día, e incluso en una hora. Podemos pensar cosas diferentes a lo que acostumbramos. Podemos tener diferentes opiniones. Podemos discutir con nuestra propia mente. Y me pregunto... ¿Eso es bueno o malo?

Pensaba hacer algo alegre esta vez, en este blog tan melancólico, pero en vez de escribir una historia he empezado a narrar en primera persona. ¿Me habré equivocado?

Creo que eso yo no puedo juzgarlo.

Este tipo de textos me dan mucho miedo, porque escribo sin tema y sin pensarlo. Símplemente dejo que mis dedos vuelen sorbe el teclado. No pienso lo que estoy contando, es como un viaje por mi subconsciente.

No dejo que nadie entre en mi habitación. No quiero que nadie me moleste, porque no quiero gritarle a la gente. Estoy sumida en mi propia mente y si alguien me habla me saca de allí de golpe, y respondo enfadada. No me gusta enfadarme con la gente sin motivos.

Mejor dicho, no me gusta enfadarme.

¿Os dais cuenta de lo que os decía? Estos textos no tienen sentido. ¿Habéis conseguido sacar un tema? Seguro que no. Esto es mi mente. Cuando escribo esto me encuentro en un estado difícil de describir. Estoy dentro de mí, saltando de pensamiento en pensamiento, describiendo lo primero que se me pasa por la cabeza.

No es una historia, ni una página de un diario. No cuenta nada especial, tan sólo reflexiones, o algo parecido.

No hay una idea principal sobre la que giren las palabras... no hay nada.

Ahora me siento más tranquila, he vuelto a escribir, y creo que es justo lo que necesitaba. Desahogarme... pero... ¿de qué? No me ha pasado nada malo. No estoy triste o enfadada. No estoy nerviosa ni eufórica... entonces... ¿por qué escribo?

Buena pregunta...

Pero no pienso contestarla.

No quiero buscar razones a mis palabras. Están bien donde están y están bien de donde salen. No tiene por qué haber un motivo para todo.. ¿o sí?

No, no creo que haya que justificar el alma de las personas.

Lo que si creo es que hay que cuestionarse.

No me refiero a preguntas filosóficas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Porque... ¿Realmente es necesario saberlo?

A lo que me refiero es a cuestionarse los hechos. Porque siempre estamos muy seguros de algo, hasta que alguien nos dice lo contrario, o símplemente nos da otra alternativa.

Dos y dos son cuatro. Dos y dos no son cuatro. ¿Y si... tres y dos fuesen cuatro?

He ahí los infinitos caminos que puede tener una sola idea, por muy lógica que sea.

Esto me recuerda a esos libros en los que tú eliges tu propia historia. En los que el más mínimo cambio ocasiona un desenlace completamente diferente, como un efecto mariposa.

Y bien... ya basta por hoy...


¿o no?

Me llamo Alma

<<Hola.
Me llamo Alma.
Hoy hice exactamente catorce años, nueve meses, dos horas y cinco minutos. Y ni uno más.

Hoy he muerto.

No sé la razón ni las consecuencias. Ni siquiera recuerdo mi vida. Sólo recuerdo haber hecho bien. Morí por una razón, no sé cuál. Por una causa, la desconozco. De una forma, no la recuerdo. Sólo sé que hice lo correcto y que, aunque se me echará de menos, es lo mejor para todos. O para nadie.
Me gustaría poder recordar mi vida.
O símplemente, la razón por la que me siento tan bien.
Si hice algún bien. A quién hice feliz. Qué conseguí.
Espero que mis corazonadas funcionen, a pesar de no tener ya corazón alguno.>>

Entonces miro hacia delante. Una luz me deslumbra. En este corredor oscuro, de paredes negras, que no se sabe a ciencia cierta dónde acaba y dónde empieza. Camino. Un paso, otro. Parece que nunca llegaré al final, a la luz, al igual que si fuera la estrella polar en el horizonte. Como en un sueño desesperado.
Pero entonces, lo alcanzo, y me paro.
Enfrente de mí hay un espejo, de bordes plateados que forman extrañas espirales en el cristal y que se extienden a mi alrededor.
Miro mi imagen reflejada en aquél extraño cristal.
<<Por lo menos no he perdido mi reflejo...>> pienso.
Deslizo mi mano por el cristal, esperando una señal.
Estba tan absorta con el reflejo que no me he dado cuenta que las espiraes de plata del espejo me han envuelto igual que el abrazo de... una madre.
En ese momento una de las espirales me toca en el cuello.
Y... recuerdo.

Recuerdo el fuego.

Y el humo.

Y el llanto de un recién nacido.

Y me veo a mi saltando como un gato entre las llamas y los cimientos caídos, con el humo entrando en mis pulmones. Llego hasta la habitación desde donde salen los gritos del bebé. La puerta está cerrada, pero por el humo y el fuego está debil y, al igual que en una pelícua, la derribo con el hombro.

Me duele, pero ahora debo salvar al bebé. La ventana está rota pero no puedo bajar por ahí, está demasiado alto.

Se oyen las sirenas de la policía y los bomberos fuera, en la calle.

Es mi única oportunidad.

Doy media vuelta y voy hacia el corredor en llamas con el niño en brazos.

Llego al hueco de las escaleras y sin pensarlo salto protegiendo al bebé con mi cuerpo. Caigo en el piso de abajo, por suerte aún me puedo poner en pie.

Un bombero entra corriendo en el piso de madera carbonizada y yo grito para que me oiga.

Mi voz está quebrada, pero me oye y se intenta acercar a nosotros. El humo me impide ver y respirar. Los ojos me lloran y la garganta me escuece. Las rodillas me fallan y caigo al suelo. Tapo con los brazos al bebé y dirijo hacia la luz mis ojos bicolores. Desde pequeña el extrano color de mis ojos, uno azul y otro violeta, habían despertado curiosidad en los demás. Me decían que haría grandes cosas. Y yo nunca lo creí, hasta que oí a ese recién nacido en el piso de arriba.

Un crujido encima de mi cabeza me hace volver a la realidad. Esto no pinta bien.

Oigo vagamente cómo el bombero pide refuerzos y me dice que intente moverme hacia él. Me arrastro como puedo por el suelo con el bebé a salvo en mis brazos y me agarra por la muñeca.

En ese momento una viga de metal se empieza a desprender del techo con un chirrido ensordecedor. Rápidamente hago un últmo esfuerzo y le doy al bebé al bombero y, con una tranquila mirada de mis ojos bicolores, expiro por última vez.

No llegué a sentir el impacto de la viga de metal sobre mi cuerpo.

Lo último que recuerdo es oír a los médicos de la ambulancia transportándome al hospital y a mi madre, sentada junto a mi en el vehículo.

No sé cómo, en una especie de último deseo, conseguí despegar mis labios llenos de ceniza y decirle:

<<..No sufras... Hice lo... correcto... Te... quiero...>>

Sentí sus labios en mi frente, y...

...Cuando recobré la conciencia... estaba aquí, en este extraño mundo de sombras y colores.

Ahora, ya puedo descansar en paz, porque... sé que hice lo correcto...


<<Me llamo Alma,

hoy he salvado una vida que no había tenido tiempo de descubrirse, cambiándola por la mía.

Y sé... que hice lo correcto.>>

Carta al Inmaterial

¿Cómo empezar?

En las cartas se suele hacer con... querido Kai...

Pero eso es lo normal. Y para mi esta carta no tiene nada de ordinario.

Te amo.

Siempre lo he hecho. Desde que apareciste en mi vida y me robaste el corazón. Muchas veces te he suplicado que me lo devuelvas, pero no quieres.

Y yo tampoco quiero que lo hagas, mi amor, porque sin ti la vida no tendría sentido. Porque tú eres por lo que aguanto cada golpe. Eres la razón por la que me levanto cuando me caigo. Porque la vida no tiene sentido si tú no existes.

Te amo.

Tu sonrisa traviesa y resplandeciente y tu pelo rubio e indomable.

Y... tus ojos.

Los ojos que aparecen en mi mente cada noche y que me ayudan a dormirme cuando tengo pesadillas. Tus ojos verdes esmeralda chispeantes y maliciosos...

Por un lado, tu espíritu infantil y gracioso, tus andares despreocupados y tu afán de aventuras. Por otro, tu expresión seria y tus abrazos de consuelo.

Siempre sabes cuando los necesito. O cuándo no.

O cuándo te digo que te vayas y mis ojos te suplican que me abraces.

Te amo.

Tú siempre estás ahí para protegerme.

Tú siempre estás, incluso aunque nos separen cien galaxias y mil universos. Estás tan lejos y a la vez tan cerca...

 

Siempre estás... porque me amas. Porque sé que tú también sientes esto por mi, y eso me hace tan... feliz.

No pensé que alguien llegase a sentir algo tan fuerte por una persona como yo. Y sin embargo ahí estás tú. Cuando no puedo más y mi mundo se desmoroma, ahí estás tú. Cuando se me saltan las lágrimas de los ojos, ahí estás tú. Cuando me creo fea, mala y odiada, ahí estás tú para recordarme que no lo soy. Porque por eso estás tú.

Te amo.

Éstas palabras son tan utilizadas

que han perdido su significado. Es mucho más intenso de lo que parece, y cuando te das cuenta de ello sabes que no hay otra forma de expresarlo. Eres mi vida y mi muerte. Mi luz y mi sombra. Mi salvavidas y mi ancla.

Te amo.

Escribo esto porque me gustaría que lo supieras. Porque tengo un gran peso en mi mente que necesito liberar, en forma de letras.

Me gustaría que pudieras leer esta carta.

Que pudieras responderme.

Que tan solo pudieses tocarme...

Pero el amor es tan hermoso como cruel, y mi corazón se ha equivocado de persona. Pero no puedo obligarle a dejar de amarte. Porque no quiero.

Y aunque no pueda llamarte.

Aunque no pueda despedirme de ti cada mañana.

Aunque no pueda verte... y tocarte.

Te seguiré esperando, durante toda mi vida.

Y mi muerte.

Hasta que existas.


Fdo: Aquella a la que le robaste la mirada.


P.D: No sufras por que lo pase mal en tu ausencia. Sé que puedo contar contigo. Porque sólo he de evocarte... en mi pensamiento. Porque tú eres mi mejor pensamiento, y mi peor tortura. Te quiero.

 

 

¿Por qué la gente le tiene miedo al dentista?

¿Por qué la gente le tiene miedo al dentista?

Hay miedos racionales... e irracionales.

Un miedo racional es... miedo a la muerte. O a la soledad.

El miedo a la oscuridad es el miedo a lo que no vemos.

El miedo lo tiene todo el mundo.

Todo el mundo tiene miedo.

El miedo... es bueno. Porque... ¿te imaginas alguien que no tenga miedo? Parece estupendo... Parece que seríamos libres...

Pero si el miedo nos lo dió la naturaleza, fue por algo, ¿no?

El miedo nos salva. Nos salva de la muerte, de los peligros. De las bestias... o de nosotros mismos.

Sin miedo no hay valentía. Aunque tener miedo no es ser cobarde. Hasta el príncipe más valiente de los cuentos tiene miedo. Porque el miedo es parte de nosotros.

Lo que no hay que tener es miedo al miedo.

El miedo está para ayudarnos... a su manera. Como una valla que no nos deja pasar a un valle muy hermoso... pero nosotros ignoramos que allí habite un dragón.

La valla no nos gusta... pero es su forma de protegernos, a su manera.


Luego están los miedos irracionales. Como el miedo a las arañas. O a los globos.

Muchos de estos miedos son Fobias.

Las fobias sí que son miedos irracionales. ¿Qué te podrá hacer una pequeña arañita de la ropa? Como mucho picarte. Es molesto, pero no como para tener miedo. ¿Y la agorafobia? Miedo a los espacios abiertos. Hay gente que no sale de casa. Y realmente lo piensas y dices... ¿Y por qué este miedo? ¿De qué tengo miedo?


La mente es así. Y no podemos cambiarla.


Hay que tener miedo... en sus dosis exactas.

Hay películas especialmente hechas para dar miedo. Actualmente éstas películas han pasado del miedo a la tensión, el asco o lo surrealista. Pero las verdaderas películas de terror son las que consiguen que se nos erice la piel, se nos acelere el pulso, sintamos un nudo en el estómago y gritemmos. Pero de miedo.

Y cuando acabas de ver estas películas te encuentras a gusto... y aún con miedo.

Es bueno darse una dosis de miedo de vez en cuando.

Es una sensación muy diferente a las demás.

Porque...

¿Qué es el miedo?

Un Piano

Sentimientos deslizándose sobre el aire en forma de notas.

Sin peso, libres.

Acordes que se intercalan en el aire formando armonías

donde el alma se expresa...

La forma más perfecta que tenemos los humanos de expresarnos... Música

¿Y a qué llamamos música?

Las personas no saben realmente definir música,

porque para cada persona es diferente.

Para alguien que nunca se ha acercado

a un piano y, furtivamente, ha apretado

una de sus teclas de marfil. Y que se ha quedado extasiado por su sonido,

que va desapareciendo en el viento...

Para esas personas, la música tiene explicación científica...


<<...Pero la música no tiene explicación científica...>>


Porque el alma no tiene explicación científica.

Para las personas que han probado a hacerlo, y han mirado a ambos lados,

y se han atrevido a sentarse en la banqueta...

y dejar volar su imaginación...


Es increíble saber lo que se siente.

..


¿Que cómo lo sé?


Porque yo lo hice...



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